¿Tienes 50 años? No pierdas el tren de tu cambio.

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Cada día que vivimos es un día menos que nos queda por vivir. Esto, que parece una obviedad y que es una certeza desde que empezamos a tener conciencia de la vida y de nosotros mismos no solemos pensarlo hasta un buen día en que alguna circunstancia nos pone en el disparadero. A mí me ocurrió al cumplir 50 años, de pronto la realidad se impuso en toda su crudeza: ” Ya has vivido más tiempo del que te queda por vivir, piensa, ¿qué quieres hacer, cómo deseas culminar esta segunda parte de tu vida?” Aún estaba decidiéndome cuando, unos meses después, me quedé sin trabajo. “Piensa, te han dado una oportunidad para cambiar de rumbo, vas a desaprovecharla?»

Y pensé. Me ví sentada en el banco de un andén esperando un tren convencional,uno de aquéllos que había estado cogiendo toda mi vida y que llevaban a destinos conocidos y seguros. Solo que, por alguna razón, esos trenes….[SignupToUnlock showsidebar=»NO» sidebartemplate=»Select Sidebar Template» pagetemplate=»template8″ dapproductid=»4″ submiturl=»/dap/dap_wordpress_signup_submit.php» redirecturl=»» termslink=»%20%3Ca%20href%3D%27http%3A//YOURSITE.com/terms%27%20target%3D%22_blank%22%3E%3Cspan%20style%3D%22color%3A%20red%3B%22%3ETerms%20and%20Conditions%3C/span%3E%3C/a%3E%0A%20%20%20%20%20%20%20%20%20″ submitsuccessmsg=»Muchas%20Gracias%20por%20completar%20el%20formulario.» firstnamemissing=»Disculpa%2C%20falta%20tu%20Nombre.%20Por%20favor%20introduce%20tu%20nombre%20para%20continuar.» emailmissing=»Disculpa%2C%20falta%20tu%20Correo%20Electronico.%20Por%20favor%20introduce%20lo%20para%20continuar.» tandcalert=»Por%20favor%2C%20marca%20la%20casilla%20de%20Aceptas..» cookieexpdays=»999″ msg=»%3Cdiv%20id%3D%22dap8-sign-up-form%22%3E%0A%3Ch3%3E%26iexcl%3BReg%26iacute%3Bstrate%20y%20lee%20el%20resto%20del%20art%26iacute%3Bculo%21%3C/h3%3E%0A%3Cform%20id%3D%22formdap8%22%20class%3D%22dap8-form%22%20action%3D%22%22%20name%3D%22formdap8%22%3E%3Cinput%20id%3D%22first_name_dap%22%20class%3D%22dap8-input-name%22%20onfocus%3D%22if%20%28this.value%20%3D%3D%20%27Nombre%27%29%20%7Bthis.value%20%3D%20%27%27%3B%7D%22%20onblur%3D%22if%20%28this.value%20%3D%3D%20%27%27%29%20%7Bthis.value%20%3D%20%27Nombre%27%3B%7D%22%20type%3D%22text%22%20name%3D%22first_name_dap%22%20value%3D%22Nombre%22%20/%3E%20%3Cinput%20id%3D%22email_dap%22%20class%3D%22dap8-input-email%22%20onfocus%3D%22if%20%28this.value%20%3D%3D%20%27Correo%20Electronico%27%29%20%7Bthis.value%20%3D%20%27%27%3B%7D%22%20onblur%3D%22if%20%28this.value%20%3D%3D%20%27%27%29%20%7Bthis.value%20%3D%20%27Correo%20Electronico%27%3B%7D%22%20type%3D%22text%22%20name%3D%22email_dap%22%20value%3D%22Correo%20Electronico%22%20/%3E%3Cbutton%20id%3D%22complete%22%20class%3D%22dap8-btn%22%20name%3D%22complete%22%20type%3D%22submit%22%3E%26iexcl%3BContinua%21%3C/button%3E%3Cinput%20id%3D%22productId%22%20type%3D%22hidden%22%20name%3D%22productId%22%20value%3D%224%22%20/%3E%3C/form%3E%0A%3Cdiv%20class%3D%22clearfix%22%3E%26nbsp%3B%3C/div%3E%0A%3C/div%3E» ] ya no paraban en mi andén, pasaban de largo llenos de gente que se apretujaba en su interior, no quedaba sitio para nadie más. Tampoco yo estaba segura de querer subirme realmente a aquellos trenes y bajarme en las mismas estaciones de siempre, esperaba por inercia, porque no sabía a qué otro destino podría ir.

Un día se detuvo un tren, uno que yo no había visto nunca antes, uno que me dió un poco de miedo, sobre todo cuando abrió sus puertas invitándome a subir. Instintivamente apreté contra mí la mochila en la que guardaba todo lo aprendido en estos 50 años, de repente me pareció valiosísima frente a la amenaza de aquél tren. Una voz amiga salió de su interior y extendió su eco por el andén vacío en que yo estaba esperando, “¡vamos, sube, no tengas miedo!” Pero sí que lo tenía,sí,  siempre nos da miedo lo desconocido. Lo cierto es que el tren era atrayente, daba la impresión de que su ruta era el mundo entero, además la voz que hablaba yo la conocía, “¡vamos, sube!, esta estación siempre estará aquí si decides regresar”, pero no, no subí, nunca antes había cogido un tren sin saber exactamente donde llevaba. Permanecí en el andén pero la estela que dejó aquel tren al alejarse siguió pensando en mi ánimo durante las semanas siguientes, en el aire se había quedado flotando la certeza de que existían otros caminos.

Días más tarde, cuando le ví llegar de nuevo, recogí apresuradamente todas las dudas y todo el miedo que había ido acumulando durante la espera y los metí dentro de mi mochila de medio siglo, me levanté de un salto y corrí a la puerta que se acababa de abrir de cuyo interior apareció una mano que me ayudó a subir. Una vez dentro me dí cuenta de que acababa de hacer lo más difícil: Decidir. Durante el trayecto cada vez estoy más convencida de que, pase lo que pase, no me habría querido perder este viaje por nada del  mundo.

Cada mañana miro por la ventanilla del tren y veo volar pájaros. 
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Hilario Martinez

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