Cultivando diferencia

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Hay una ola de preocupación que va calando cada vez más en los ciudadanos sobre qué es lo comemos y que alternativas tenemos. La tierra es tratada sin clemencia con herbicidas y pesticidas que, necesariamente, contaminan las verduras y, al comerlas, a nuestro organismo .

Las frutas no tienen ningún sabor, esto lo sabemos nosotros, los de 50 y más porque aún recordamos los sabores auténticos de la mandarina o el melocotón y aunque los jóvenes no tengan ya esa referencia sí aprencian diferencias. Cuando mi hijo probó por primera vez unas naranjas ecológicas que compramos a un productor valenciano,  le parecieron exquisitas y, desde entonces, cada vez que me pide una naranja me dice, «pero de las de Valencia, ¿eh?» Que es lo mismo que decir, «de las que saben a naranja»

En respuesta a esta inquietud por lo que comemos surgen cada día nuevos grupos de consumo, gente que se une para consumir de manera responsable productos de huertas cercanas y de cultivo ecológico.

¿A ti te preocupa tu salud? No te descubro nada si te digo que tu salud, a largo plazo, será el resultado de lo que comes.

Te cuento a continuación como las verduras han pasado a ser el plato estrella en mi casa…….

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Permíteme que te relate mi experiencia por si estabas pensando en hacer algo parecido y puede ayudarte a dar el paso.

Doblar el espinazo para sembrar ajos, recoger judías o quitar mala hierba no parece algo muy seductor dicho así, pero si esto lo haces junto a otras personas que te acompañan en el mismo propósito y amenizan el trabajo con conversaciones inteligentes y divertidas puede ocurrir, como de hecho sucede,  que no te des cuenta de que te están doliendo los riñones.

Nada hay más hermoso que recibir el atardecer en verano, cuando la huerta está preñadita y colorida como una ensaladera gigante o llegar a primera hora de la mañana cuando todavía se conserva el fresquito de la madrugada y pasearse recogiendo todo lo que generosamente nos da.

Nuestra huerta no es una huerta cualquiera

es un lugar de encuentro para personas que hemos decidido dar un paso atrás y volver a la forma de cultivo tradicional porque nos preocupa lo que comemos. Seguro que piensas que somos un grupo de pensionistas y cincuentañeros ocupando su tiempo libre… Lo mejor de todo es que sí, algunos hemos pasado la barrera de los 50 pero hemos sintonizado perfectamente con el espíritu del proyecto, iniciado e integrado por gente mucho más jóven. La edad no se nota cuando se comparten ideales así que no es excusa.

Nosotros cuidamos nuestra huerta, no la envenenamos con sustancias químicas y en compensación ella nos da lo que puede, unos meses más otros menos, depende de como vengan las heladas o las lluvias o si hay más o menos topillos. Nosotros no le exigimos más de lo que pueda darnos, nos esforzamos en cuidarla, en tenerla bonita y limpia y en esperar a la recogida siempre con la misma ilusión.

Nuestra huerta se llena de niños las tardes de verano y los domingos verdes

que es cuando todos venimos a trabajarla y mientras recogemos patatas o abrimos surcos, escuchamos al fondo la música de sus gritos y sus risas porque en la huerta ellos siempre encuentran algo con lo que jugar. Nuestros niños, como nosotros, son felices en nuestra huerta. Si tienes nietos agradecerán una visita a la huerta y descubrirán admirados que las judías verdes no nacen en los supermercados sino que cuelgan de una mata o que las patatas no vienen ya listas para freir.

Desde nuestra huerta, aunque no nos oigas, estamos reivindicando una forma distinta de alimentarnos y de entender la vida, estamos gritando a los cuatro vientos que

se recoge lo que se siembra, por eso nosotros cultivamos con cariño, no con abonos químicos.

Nuestras verduras no son todas igualitas, del mismo tamaño y de idéntico color como las de los supermercados pero si son idénticas  en lo ricas que están y en lo bien que sientan. Yo las como sin miedo, porque sé perfectamente quién hace nuestros semilleros, los planta y vela porque tengan lo que necesitan.

Gracias a nuestra huerta he aprendido a comer solo las verduras de temporada,a hacer conserva cuando tenemos sobreproducción y a saborear las verduras crudas, que es como mejor están. He aprendido lo bello que es vivir las estaciones observando los cambios de la  huerta y a notarlas sobre mi cuerpo cuando estamos trabajando.

Cuando estás en la huerta tu visión de la realidad se simplifica:

el mundo es la naturaleza y nosotros pero mano a mano, no de espaldas.

Ánimate a huertear, ganarás perspectiva y salud. Y si te animas a plantar semillas en tu huerto para alimentar tu cuerpo.
Podrías también plantar semillas de información en tu cerebro para conseguir ser LibreALos50.
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About the author 

Hilario Martinez

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